26 de enero de 2008
La semana pasada se inauguró con bombo y platillo el museo nómada, estructura de bambú que domina buena parte del Zócalo capitalino. El recinto se convirtió instantáneamente en el suceso cultural del año: 30 mil visitantes en tan sólo dos días. Sin embargo, cabría preguntarse cuál es el verdadero discurso de la muestra de Gregory Colbert, así como la tramoya de las políticas culturales del GDF. El siguiente ensayo, “El new age nómada: Ashes and Snob”, aporta una visión crítica que, ante todo, nos advierte sobre los riesgos y perversiones de confundir arte con espectáculo.
El museo nómada: una mentira disfrazada de arte
Por JOSÉ LUIS BARRIOS
Emulando un cuadernillo hindú de papel hecho a mano, recibí el pasado martes 15 de enero una invitación para asistir a la recepción privada organizada por The Rolex Institute con motivo de la pre-inauguración de la exposición Ashes and Snow del artista Gregory Colbert. Desde luego fue un evento con todo y alfombra roja y la asistencia de distinguidísimas personalidades del mundo del arte y la cultura, ese mundo donde se confunde (¿deliberamente?) a la Callas con Maribel Guardia, a López Dóriga con Alain Finkielkraut. Bastó con entrar al recinto nómada de varios millones de pesos y 5 mil 600 metros cuadrados para de inmediato darse cuenta de la obscenidad con la que funcionan las relaciones entre poder, arte y política. Vayamos por partes:
1. De la vida como materia estética a la estetización de la vida en la obra de Gregory ColbertEl new age ha sido durante las últimas tres décadas una de las versiones con las que el confort moral de la sociedad pequeño burguesa ha querido reconciliarse con el mundo natural. Si bien es cierto que en la Historia del Arte y de la Cultura las relaciones del arte con la naturaleza han sido una constante, también es cierto que en esta relación la naturaleza ha sido el trasfondo sagrado en el que se soporta el conflicto fundamental entre la vida y la humanidad. El new age, como toda falacia, parte de un engaño: la idea de considerar que la naturaleza, lo vivo, habita en estado de armonía consigo misma y que en algún momento existió un paraíso perdido donde la serpiente y el hombre convivían en paz perpetua. Como ya lo observara Adorno en el primer tercio del siglo XX: cuando se quiere explicar los hechos históricos y los procesos sociales y culturales por la construcción mítica de lugares originarios y anteriores a la historia, lo que se produce es un engaño. Un engaño que en el caso de las fotografías de Colbert se fabrica en tres registros: 1. La falacia de pensar que la fotografía es verdad porque toma lo real. Ya sus encuadres, tomas y desde luego la pose, nos muestran que esas imágenes dependen de la mirada del fotógrafo. No hay realidad porque no hay punctum o accidente, como afirmara Barthes. Apelar a la paciencia de la naturaleza para justificar la posibilidad de estas imágenes supone sobre todo pensar que entre el paisaje que depende de la mirada del artista y la vida animal existe una complicidad que no encuentro cómo justificar, y que en el mejor de los casos es una proyección de la fantasía del sujeto o sujetos sobre la vida natural. 2. La exotización del otro como el único humano que es cómplice de la naturaleza y que verdaderamente la comprende. Esto quizá sea uno de los aspectos más problemáticos de estas fotografías. No sólo la vida animal está pensada desde una nostalgia más bien conservadora de lo que es la naturaleza, sino que al ubicar al otro (niño, mujer, etc.), la mirada del artista reproduce las formas de representación colonialista y logofalocéntrica de Occidente. El abuso de modelos infantiles en sus fotos son un recurso retórico que no funciona de manera muy distinta a la ética de la piedad del Teletón. 3. Finalmente, construir un espacio estético-fotográfico de representación a partir de una des-historización mítica del otro exótico y la naturaleza, no significa la realidad de la relación rural y el otro como salvaje, sino más bien la imposición de la mirada del artista como Sujeto colonizador que estetiza la naturaleza para el deleite contemplativo del habitante de la modernidad postindustrial, más si éste es el hombre-masa para el cual la naturaleza significa sobre todo disfrute y placer: la playa o la aventura. Un niño dormido sobre un elefante o unos chitas que pacientemente están echados a lado de unos seres humanos, emulan una nostalgia por un paraíso que en realidad nunca existió. Colbert fabrica una paz y una armonía que funciona más como consuelo que como realidad. Habría que preguntarle a un indio o a un africano si el paisaje es tan puro y los animales tan generosos, y si la vida humana se entiende sin el significado ético que tiene el trabajo en las relaciones entre cultura, arte y naturaleza.
2. El espacio nómada: bambú y concretoSi Colbert estetiza al otro y a la naturaleza para des-historizarlos y despolitizarlos, la reciente política de cultura y deporte del Gobierno de Distrito Federal (viejo concepto de las relaciones entre arte y ejercicio de los regímenes populistas), léase pista de hielo y museo, pareciera que tiene un pobre entendimiento de la noción de espacio y arte público. Si bien es cierto que la reapropicación del espacio público por sus habitantes es una estrategia correcta de neutralización de la violencia cotidiana, esto no significa que cualquier actividad o evento artístico por hacerlo tenga sentido. No voy a discutir en este espacio la función política del arte como crítica y reconfigurador de la experiencia de lo común, que en última instancia es lo que define la relación entre estética y política, pero es sobre esta idea sobre la que habría que definir o al menos problematizar las políticas culturales no sólo del D.F. sino del país completo, en torno al sentido de las relaciones entre arte y espacio público. Sin embargo, considero oportuno tomar en cuenta esta idea para aproximarnos a las implicaciones que tiene no sólo el concepto de nómada sino también el de museo en el contexto del Zócalo como el sitio público más importante, por lo menos simbólicamente, de todo el país.Quizá lo más rescatable de la “intervención” de Colbert en el Zócalo sea la construcción efímera que realizó el arquitecto colombiano Simón Vélez. Sin embargo, no basta con la buena realización tanto estética como técnica para que una construcción de tales dimensiones tenga sentido en un espacio como el Zócalo. Desde el problema de las relaciones de escala horizontal y vertical con la plaza, hasta su función, son problemáticos. A esto habría que añadir la confusión, que no es meramente semántica, de llamar museo a lo que es una mera museografía, es decir, a una escenografía que soporta una puesta en escena. Algo similar sucede con el concepto de nómada. Para alguien que esté mínimamente involucrado en las problemáticas del arte y la geopolítica contemporáneas, lo nómada supone algo más que el desplazamiento de una exposición de un lugar a otro, y otra cosa que una temática que lo relaciona con lo salvaje animal o lo “bárbaro” humano. Supone al inmigrante ilegal, al desplazado, el refugiado o al exiliado político y a la frontera; supone también la política de los afectos como forma de resistencia, y las formas y expresiones artísticas como desplazamientos del canon de lo bello y la movilidad constante del significante arte. En fin, supone algo más que la transferencia de la figura decimonónica del viajero o el antropólogo, algo que a la hora que se inscribe en su versión posmoderna new age, lo que produce es una pura estetización. Estetización a la que no es ajena el espacio expresamente construido para albergar la exposición Ashes and Snow. El bambú, la iluminación intimista y los ojos de agua que enmarcan los pasillos del recorrido, producen una suerte de Tiki room Zen a la Busch Gardens que no tiene nada que ver con el impulso, si bien caótico, por ello también vital y conflictivo del Zócalo. La pregunta es clara: ¿puede pensarse un espacio de remanso cósmico en el centro de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo? ¿Ironía o cinismo? Algo de eso, nada de remanso, pero sobre todo una pregunta que tiene que ver con cuál es la función del arte público como construcción de sociabilidad y lugar político. El mero intento de restituir y simular una complicidad “originaria” entre el espacio natural y lo humano a partir de la interrupción de la función política de lo público, es tomar jugo de uva en lugar de vino, tal y como sucede en las telenovelas. Si en la historia de la política cultural reciente, para la derecha Frida y Diego son capitales retóricos para legitimarse en las tradiciones del arte mexicano globalizado, pareciera que la izquierda coquetea con las formas suavizadas de la sociedad del espectáculo para prometer una modernidad y una vanguardia que por principio no tiene nada que ver con la puesta en escena de paraísos artificiales. Aún más, si quisiéramos limitarnos al mero asunto del diseño urbano, el emplazamiento de este espacio es una obstrucción a la traza del zócalo. Es cierto que lo mismo se podría decir de los templetes para los discursos de propios y ajenos, sin embargo su sentido y función son distintos. Este museo nómada es un espacio que se explica por su interioridad, lo que sin duda lo pone en conflicto con la función al menos histórica que tiene la enorme plancha del centro de la ciudad de México. Para decirlo en una palabra: la intervención de este museo en este espacio supone una transacción entre la noción aséptica del arte como contemplación y la afectación socio-política que lo define. Más fácil, entre la pista de hielo y el museo nómada, el Zócalo es más una suerte de Parque de diversiones que un lugar de flujo político; pero aún así, si tuviera que elegir entre la pista y el museo, prefiero la pista. Ésta al menos se acerca a ciertas formas de lo festivo y lo carnavalesco que le dan mayor legitimidad vital y social.
3. La estetización zen como producción de engaño o el cinismo de la sociedad del espectáculoSi bien es cierto que una ciudad como espacio fundamentalmente político no se entiende sin la práctica artística como momento crítico de la propia condición de lo político, es importante diferenciar en qué consiste una oferta que apuesta por la educación como construcción de subjetividad crítica y la idea del arte como espectáculo. En la crítica a la ilustración que en su momento hicieran Adorno y Horkheimer a la sociedad de masas, apuntaban las formas en que la industria cultural, uno de los productos más elaborados del capitalismo, era alienante en tanto hacía de la fantasía el instrumento mismo de la ideología dominante. Una maquinaria donde la radio, el cine, la televisión y los medios impresos, son las mediaciones y los soportes de las producciones imaginarias de la cultura como inhibidora de la afectividad y de la crítica. La lógica de homogeneización de éstos opera bajo dos principios: la construcción de visibilidad del producto (objeto) y la fabricación de deseo en el consumidor. Algo a lo que sin duda no se puede sustraer la propuesta de Ashes and Snow, desde la cobertura que Televisa le dio, pasando por la alfombra roja donde el star system del canal de las estrellas desfiló, hasta una estética que sueña con la reconciliación a-histórica del hombre con los animales a partir de los lugares más comunes de la noción del arte. Este museo nómada es un alarde más de la sociedad del espectáculo y su delirio: una producción de la ilusión como engaño. Una maquinaria sin duda bien aceitada que busca elevar la credibiliad de la empresa al promover “actividades” culturales para el “pueblo” a partir de la puesta en escena de sus estrellas, que le representan una doble rentabilidad de imagen, de ahí la importancia de la teatralidad de la pre-inauguración. El objeto de la fantasía del entretenimiento se transfiere como receptor de arte a través del “actor”, el cuerpo del ídolo funciona como mediación entre la empresa y el “pueblo” para justificar la intervención del Zócalo. En suma, una transferencia de la fantasía del entretenimiento como legitimador de un gusto por lo new age. Lo menos que podemos hacer es tener alguna sospecha sobre el modo en que funciona la industria cultural como legitimadora del gusto por el new age: si no nos podemos conciliar con nosotros mismos como sociedad, a lo mejor vale la pena intentar conciliarnos con un elefante, un chimpancé o una ballena.
Barrios. Académico de Filosofía en la UIA y director de la revista Curare. Su más reciente libroes Símbolos, fantasmas, afectos (Casa Vecina, 2007).
sábado, 29 de marzo de 2008
El vuelo de Saint-Ex
29 de Marzo de 2008
Ante las declaraciones de un piloto de la Luftwaffe, la misteriosa desaparición de Antoine de Saint-Exupéry ha vuelto, después de 64 años, a ser noticia. Las líneas que siguen recorren la compleja personalidad de un hombre capaz de sobrevolar el desierto en un aparato rudimentario y de inventar a un pequeño príncipe que cuida de una rosa.
El vuelo de Saint-Ex
por JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ
Antoine de Saint-Exupéry inició y terminó su vida adulta con una paradoja. Al día siguiente de cumplir diecisiete años —la edad a la que eran enviados los jóvenes al frente—, concluyó la Primera Guerra Mundial. Menos de tres décadas después, su avión fue derribado poco antes del fin de la Segunda Guerra. Si un oficial amigo suyo hubiese conversado con él una noche antes de despegar, la mortal misión habría sido cancelada.
Quienes han leído sólo El Principito tienen dificultades para visualizarlo como un hombre de acción. Es un héroe nacional de Francia e incluso su retrato aparecía en el hermoso billete de 50 francos, ya retirado de circulación. En el abismo histórico que representan la aplastante derrota gala y el colaboracionismo de Vichy, su figura refulge casi solitaria.
Saint-Ex regresaba de tomar fotografías de la Francia ocupada a la base aérea de Córcega, su sitio de operaciones. Ya había sobrepasado la edad máxima para ser piloto de guerra, pero gracias a influencias de alto nivel —no olvidemos que tenía el derecho de usar el título de Conde, cosa que le desagradaba— fue asignado a esa escuadrilla. La leyenda dice que a veces se demoraba en sus incursiones observando el castillo donde pasara su infancia, castillo cuyos jardines jamás llegó a conocer por completo.
Afirman sus compañeros que un alto oficial iba a comentarle sobre la inminencia del desembarco en Normandía con un solo propósito: salvarle la vida, ya que a los pilotos enterados de esa estrategia se les prohibía volar para evitar el riesgo de que revelasen bajo tortura la posibilidad de dicho ataque, en caso de ser derribados. Pero Saint-Ex se le escabulló a este oficial, sin permitirle que le revelase el secreto, dejándolo con la palabra en la boca.
Él decía que para derrotar a los nazis no bastaba con darles golpes con una máquina de escribir, así que abandonó su refugio en Nueva York para hacer lo que mejor sabía: volar una máquina de guerra. La máscara de oxígeno le hacía sentirse conectado a la nave, como si ambos fuesen un solo ser en mitad de la batalla por el firmamento.
Sus críticas al alto mando francés fueron muy duras. A su criterio, valiosas tripulaciones aéreas se sacrificaron erróneamente en los primeros días de la defensa de Francia, criterio compartido por Winston Churchill en sus memorias. Con De Gaulle nunca pudo entenderse. Tampoco con la comunidad gala refugiada en Nueva York que hizo de su exilio una extensión festiva del Barrio Latino. Así que mejor se devolvió al campo de batalla.
Existen varias teorías de la causa de su muerte. Ahora que un ex piloto de la Luftwaffe afirma ser quien lo derribó, el enigma vuelve al imaginario colectivo de sus lectores. Habrá que revisar la hoja de servicios de este ulano del aire y adivinar porqué, hasta hace apenas unas semanas, creyó pertinente informarle al mundo sobre esta sorpresiva incursión al ruedo de la historia. De ser cierta su versión —y sobre todo, de estar consciente del alcance de la dimensión humana y heroica de Saint-Ex—, este ciudadano alemán quizás mejor hubiese preferido guardar silencio. No hay gloria en cegar la vida de un escritor, aunque fuese en el marco de un supuesto sentido del deber, y más si la víctima actuaba en defensa de una nación atrozmente invadida.
Hombre de pluma y de acción
La complejidad de la personalidad de Saint-Ex es más reveladora si se analiza en su contexto: en aquel tiempo, los pilotos eran vistos con la misma admiración que hasta hace poco reservábamos a los astronautas. Había que ser muy valiente para subirse a un frágil artefacto de motor primitivo, aun en épocas de paz, hecho de varillas y tela estirada. No contaban con sistema eléctrico; se encendían a golpe de hélice y los medidores tenían partículas de radium para brillar de noche. Sumémosle que Exupéry, durante su servicio en la compañía Aeropostal, voló por regiones tan inhóspitas como los Andes o el Sahara, afectadas por los más repentinos cambios de clima. Correo aéreo equivalía entonces a internet.
Los títulos de los libros de Saint-Ex fueron siempre mal traducidos. El Principito en realidad debe llamarse “El pequeño príncipe”, traducción que implica otro significado. Tierra de hombres en realidad debe ser “Tierra de los hombres”; libro que narra su estancia en el desierto de África y cuya mala interpretación insinúa alguna bravucona canción mexicana. En sus estancias en Marruecos, Mauritania y el Sahara español fue donde templó su carácter literario y personal.
Saint-Ex estuvo asignado en Cabo Juby, hoy Tarfaya, en el límite justo de Marruecos con el Sahara Occidental. La pista de aterrizaje y la cabaña en la que vivía ya no existen. Ni siquiera el fuerte español que registra en su libro. Además, Antoine tocó tierra ahí en los años veinte y es dudoso que sobreviva algún bereber que jure haberlo visto en la pista lleno de grasa, tomando té con los saharahuis o domesticando zorros del desierto. Fue muy respetado por el hecho de comprar a un esclavo anciano y enfermo tan solo para liberarlo y que muriese tranquilo. Pagó un precio desmedido y lo mandó a vivir a otra ciudad para que no le secuestraran y volviesen luego a ponerlo en oferta.
En ese tiempo cubría la ruta de correo Dakkar-Cabo Juby-Casablanca y por lo general permanecía en el punto medio. Dormía en una cama pequeña que hizo ampliar con una caja. Consuelo Suncín, su descontenta mujer salvadoreña, decía en París que su marido era el único cartero del mundo perteneciente a la realeza.
En Tierra de hombres menciona diversos puntos del Sahara Occidental, especialmente Cabo Juby y la antigua Villa Cisneros, cercanas al de Río de Oro, que era una referencia importante en la navegación aérea. A diferencia de Europa, de noche el Sahara se apaga y no es fácil hallar luces de aldeas o faros que ayuden a orientarse, según se quejaba Saint-Ex en su diario, escrito en tiempos anteriores a la magia satelital o la radio de alto alcance. La tiniebla era tan envolvente que podían confundirse las estrellas con barcos, o pueblos remotos, así como creerse que se viajaba por un sitio distinto al señalado. Además, en esas condiciones no era extraño volar de costado o bocabajo, imperceptiblemente, hasta estrellarse de súbito con una duna. Y tampoco había forma de adivinar el aluvión de tormentas que podían irrumpir con su carcajada repentina en medio de la travesía.
Varias veces, él o sus amigos enfrentaron accidentes y permanecían aislados en el páramo del mismo modo que el narrador de El Principito. Eran rescatados por las tribus de la zona, aunque también padecieron ataques de bandidos, ansiosos de bolsas de dinero ocultas entre la correspondencia.
Quizás aquí fue donde Saint-Ex comenzó a escuchar su voz interior y alucinó en medio de la noche sahariana con la figura de su hermano menor, muerto durante la infancia. Ese fue su único y verdadero amigo, solía confesar en privado.
Su avión de carreras era un Simoun, nombre con que también se invoca a uno de los más demoníacos aires del Sahara. Obsequio de una multimillonaria admiradora cuyo nombre aún desconocemos, con ese avión estuvo a punto de matarse en el desierto de Libia, participando en una carrera previa a la Segunda Guerra Mundial.
Consuelo Suncín, quien estuvo casada con el diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo y que afirmaba ser la auténtica rosa de El Principito, le provocó muchas incomodidades, ya que a su regreso a Francia y a la vida, Exupéry la encontró demasiada metida en su papel de viuda famosa, papel que ya había representado a la perfección con la muerte de su primer esposo.
Hasta hubo un malentendido con André Breton, de quien se dijo que Suncín fue su pareja ocasional. Vale comentar que Exupéry siempre quiso aclararlo, en el sentido de que no deseaba perder la amistad del padre del surrealismo, a pesar de los dimes y diretes que circulaba en Nueva York. Breton confesó que él no tenía ánimos de retomar esa relación, pero el poderoso argumento de Saint-Ex, propio de un hombre de acción, lo cimbró por completo: “He perdido más de diez amigos en esta guerra. Entiéndame: no puedo darme el lujo de perder uno más. Casi todos están muertos”.
¿Suicidarse o morir en la cima?
Hay quienes sostienen que Exupéry se suicidó en su último y fantasmal vuelo. El hecho de que su avión no revelase impactos de bala reforzó esa teoría. Aquellos que lo conocieron lo creen imposible porque tenía un compromiso demasiado alto con el deber. Para autoinmolarse, habría usado un cómodo revólver y no sacrificado un precioso avión que tanta falta hacía a su patria, sobre todo en la hora cumbre del conflicto.
Algo que marcó el ímpetu de lucha en Exupéry, antes de la guerra y su terrible accidente en el desierto de Libia, fue la desaparición de su gran amigo y compañero de alas, Guillaumet, en la cordillera de los Andes, experiencia retomada en sus libros.
Perdido en una zona demasiado lejana de la civilización, Guillaumet caminó cinco días entre la nieve con la sola intención de continuar, hasta desfallecer presa del cansancio y confiando en toparse con algún campesino. Los guardias chilenos habían declarado que difícilmente alguien sobreviviría una sola noche a ese invierno. Al momento que Guillaumet decidió rendirse a la ventisca, el piloto perdido descubrió que no podía derrumbarse entre la nieve, sino que debería ascender una colina para morir en la cima. Esto obedecía a un propósito práctico: si no se encontraba su cadáver en los próximos cuatro años, el seguro de vida tardaría ese tiempo en llegarle a su viuda e hijos.
De esa manera, Guillaumet ascendió con las últimas energías para que su cadáver fuese encontrado por sus compañeros pilotos al llegar el verano. Cayó en cuenta de que estaba emprendiendo algo que un animal no haría: luchar por el sitio en el cual morirse para legarle un bien a sus familiares. Al llegar a la cima descubrió con sorpresa que al otro lado del valle terminaban las montañas nevadas, augurándole una esperanza más, por lo que sacó fuerzas supremas para descender y seguir el camino. En efecto, logró salvar la vida y, al narrarle su odisea a Exupéry, éste la tuvo muy presente cuando en el desierto de Libia tuvo que realizar otra proeza similar. Caminar y caminar, sin esperanza y sin agua, pero con el propósito de al menos morir en el intento. Por supuesto, Saint- Exupéry fue rescatado en esa ocasión por un grupo de beduinos. Lo dieron por muerto durante varias semanas.
Creemos que alguien que haya pasado por esas experiencias extremas no se suicidaría en pleno cumplimiento de una misión. Guillaumet, al igual que Exupéry, murió en la línea del deber en la Segunda Guerra Mundial. Otro detalle: el campesino chileno que encontró a Guillaumet fue condecorado en su momento por el gobierno de Francia con la Legión de Honor. Desconocemos qué fue de los beduinos que salvaron a Saint-Ex en medio del Sahara.
La rosa y el volcán
Podría pensarse que un hombre tan curtido en experiencias sería una persona fría y llena de amarguras. Nada más contrario al espíritu de Saint-Ex, buen charlista que, cuando conversaba en un café con sus amigos, provocaba que la gente de las mesas vecinas guardara silencio: arrobada por su encanto. Dominaba varios trucos de prestidigitación y alguien que lo conoció de cerca decía que bien podría haberse ganado la vida con dicha habilidad.
Su matrimonio fue difícil. La volcánica Consuelo Suncín gustaba de usar el título de condesa, actitud que entristecía al legítimo aristócrata. A pesar de sus defectos humanos, es indiscutible su papel de musa de El Principito. Sus defensores argumentan que los abundantes volcanes del minúsculo asteroide son un guiño metafórico a El Salvador, país natal de su problemática amada. En cambio, los baobabs fueron conocidos por Exupéry en sus estancias africanas. El zorro del desierto original posee las exageradas orejas que el poético aviador le dibujó en su libro. Y las verdaderas rosas del desierto son en realidad unas rocas de silicato, apreciadas por los coleccionistas, cristalizadas en forma de pétalos.
Saint-Ex también tuvo suerte con los millonarios: en vida una mujer le obsequió un avión para una carrera y, después de muerto, otro millonario norteamericano gastó miles de dólares en rastrear con un submarino el área donde, presumiblemente, había caído en combate. El descubridor sería el buzo profesional Luc Vanrell, quien también está involucrado en la reciente aparición de su repentino y orgulloso victimario.
Saint-Ex hoy
La reciente declaración del ciudadano alemán Horst Rippert tiene las luces de un intento de apropiarse del aura del autor francés. Incluso el semanario de extrema derecha Minute, sostiene haber revisado los archivos alemanes detectando varias falsedades en la carrera de Horst Rippert, quien por cierto, acaba de desenmascararse como hermano secreto del cantante Ivan Rebroff, fallecido por estas fechas.
Los otros opositores a la credibilidad de Rippert son el antiguo piloto de caza Christian-Antoine Gavoille —ahijado de Antoine Saint-Exupéry—, el historiador Hervé Brun —ex responsable del servicio histórico del Ejército del Aire Francés—, el diario online Crítica y el ABC de Madrid.
Hervé Brun remata la postura de Rippert con un argumento: las patrullas alemanas en Provenza fueron registradas con meticulosidad y no hay ninguna acción anotada en ese día.
La teoría más lógica que flota sobre el avión de El Principito es la posibilidad de un desvanecimiento durante su vuelo final. Era un hombre de 44 años que había maltratado su osamenta con múltiples accidentes y el jornal de los pilotos incluía un ritmo extenuante. No veo nada denigrante en esa posibilidad que nos recuerda la humanidad de un personaje —vale decirlo— cargado de humanismo.
La vida y al muerte de Saint-Ex son un misterio. Lo único seguro en él era aquello que no quería ser. Nunca un burgués inmóvil o un intelectual criticando a Hitler y a De Gaulle desde la comodidad de Nueva York. Murió en la línea del deber, seguro de quien era y hacia donde iban su existencia y su literatura. Pocos artistas pueden conseguir ambas cosas. Vivir al mismo tono de sus creencias y al vuelo de su pluma como en una firme e incandescente obra maestra.
Rodríguez. Escritor y editor. Autor de Mi nombre es Casablanca (Mondadori) y La casa de las lobas (Plaza y Janés).
Ante las declaraciones de un piloto de la Luftwaffe, la misteriosa desaparición de Antoine de Saint-Exupéry ha vuelto, después de 64 años, a ser noticia. Las líneas que siguen recorren la compleja personalidad de un hombre capaz de sobrevolar el desierto en un aparato rudimentario y de inventar a un pequeño príncipe que cuida de una rosa.
El vuelo de Saint-Ex
por JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ
Antoine de Saint-Exupéry inició y terminó su vida adulta con una paradoja. Al día siguiente de cumplir diecisiete años —la edad a la que eran enviados los jóvenes al frente—, concluyó la Primera Guerra Mundial. Menos de tres décadas después, su avión fue derribado poco antes del fin de la Segunda Guerra. Si un oficial amigo suyo hubiese conversado con él una noche antes de despegar, la mortal misión habría sido cancelada.
Quienes han leído sólo El Principito tienen dificultades para visualizarlo como un hombre de acción. Es un héroe nacional de Francia e incluso su retrato aparecía en el hermoso billete de 50 francos, ya retirado de circulación. En el abismo histórico que representan la aplastante derrota gala y el colaboracionismo de Vichy, su figura refulge casi solitaria.
Saint-Ex regresaba de tomar fotografías de la Francia ocupada a la base aérea de Córcega, su sitio de operaciones. Ya había sobrepasado la edad máxima para ser piloto de guerra, pero gracias a influencias de alto nivel —no olvidemos que tenía el derecho de usar el título de Conde, cosa que le desagradaba— fue asignado a esa escuadrilla. La leyenda dice que a veces se demoraba en sus incursiones observando el castillo donde pasara su infancia, castillo cuyos jardines jamás llegó a conocer por completo.
Afirman sus compañeros que un alto oficial iba a comentarle sobre la inminencia del desembarco en Normandía con un solo propósito: salvarle la vida, ya que a los pilotos enterados de esa estrategia se les prohibía volar para evitar el riesgo de que revelasen bajo tortura la posibilidad de dicho ataque, en caso de ser derribados. Pero Saint-Ex se le escabulló a este oficial, sin permitirle que le revelase el secreto, dejándolo con la palabra en la boca.
Él decía que para derrotar a los nazis no bastaba con darles golpes con una máquina de escribir, así que abandonó su refugio en Nueva York para hacer lo que mejor sabía: volar una máquina de guerra. La máscara de oxígeno le hacía sentirse conectado a la nave, como si ambos fuesen un solo ser en mitad de la batalla por el firmamento.
Sus críticas al alto mando francés fueron muy duras. A su criterio, valiosas tripulaciones aéreas se sacrificaron erróneamente en los primeros días de la defensa de Francia, criterio compartido por Winston Churchill en sus memorias. Con De Gaulle nunca pudo entenderse. Tampoco con la comunidad gala refugiada en Nueva York que hizo de su exilio una extensión festiva del Barrio Latino. Así que mejor se devolvió al campo de batalla.
Existen varias teorías de la causa de su muerte. Ahora que un ex piloto de la Luftwaffe afirma ser quien lo derribó, el enigma vuelve al imaginario colectivo de sus lectores. Habrá que revisar la hoja de servicios de este ulano del aire y adivinar porqué, hasta hace apenas unas semanas, creyó pertinente informarle al mundo sobre esta sorpresiva incursión al ruedo de la historia. De ser cierta su versión —y sobre todo, de estar consciente del alcance de la dimensión humana y heroica de Saint-Ex—, este ciudadano alemán quizás mejor hubiese preferido guardar silencio. No hay gloria en cegar la vida de un escritor, aunque fuese en el marco de un supuesto sentido del deber, y más si la víctima actuaba en defensa de una nación atrozmente invadida.
Hombre de pluma y de acción
La complejidad de la personalidad de Saint-Ex es más reveladora si se analiza en su contexto: en aquel tiempo, los pilotos eran vistos con la misma admiración que hasta hace poco reservábamos a los astronautas. Había que ser muy valiente para subirse a un frágil artefacto de motor primitivo, aun en épocas de paz, hecho de varillas y tela estirada. No contaban con sistema eléctrico; se encendían a golpe de hélice y los medidores tenían partículas de radium para brillar de noche. Sumémosle que Exupéry, durante su servicio en la compañía Aeropostal, voló por regiones tan inhóspitas como los Andes o el Sahara, afectadas por los más repentinos cambios de clima. Correo aéreo equivalía entonces a internet.
Los títulos de los libros de Saint-Ex fueron siempre mal traducidos. El Principito en realidad debe llamarse “El pequeño príncipe”, traducción que implica otro significado. Tierra de hombres en realidad debe ser “Tierra de los hombres”; libro que narra su estancia en el desierto de África y cuya mala interpretación insinúa alguna bravucona canción mexicana. En sus estancias en Marruecos, Mauritania y el Sahara español fue donde templó su carácter literario y personal.
Saint-Ex estuvo asignado en Cabo Juby, hoy Tarfaya, en el límite justo de Marruecos con el Sahara Occidental. La pista de aterrizaje y la cabaña en la que vivía ya no existen. Ni siquiera el fuerte español que registra en su libro. Además, Antoine tocó tierra ahí en los años veinte y es dudoso que sobreviva algún bereber que jure haberlo visto en la pista lleno de grasa, tomando té con los saharahuis o domesticando zorros del desierto. Fue muy respetado por el hecho de comprar a un esclavo anciano y enfermo tan solo para liberarlo y que muriese tranquilo. Pagó un precio desmedido y lo mandó a vivir a otra ciudad para que no le secuestraran y volviesen luego a ponerlo en oferta.
En ese tiempo cubría la ruta de correo Dakkar-Cabo Juby-Casablanca y por lo general permanecía en el punto medio. Dormía en una cama pequeña que hizo ampliar con una caja. Consuelo Suncín, su descontenta mujer salvadoreña, decía en París que su marido era el único cartero del mundo perteneciente a la realeza.
En Tierra de hombres menciona diversos puntos del Sahara Occidental, especialmente Cabo Juby y la antigua Villa Cisneros, cercanas al de Río de Oro, que era una referencia importante en la navegación aérea. A diferencia de Europa, de noche el Sahara se apaga y no es fácil hallar luces de aldeas o faros que ayuden a orientarse, según se quejaba Saint-Ex en su diario, escrito en tiempos anteriores a la magia satelital o la radio de alto alcance. La tiniebla era tan envolvente que podían confundirse las estrellas con barcos, o pueblos remotos, así como creerse que se viajaba por un sitio distinto al señalado. Además, en esas condiciones no era extraño volar de costado o bocabajo, imperceptiblemente, hasta estrellarse de súbito con una duna. Y tampoco había forma de adivinar el aluvión de tormentas que podían irrumpir con su carcajada repentina en medio de la travesía.
Varias veces, él o sus amigos enfrentaron accidentes y permanecían aislados en el páramo del mismo modo que el narrador de El Principito. Eran rescatados por las tribus de la zona, aunque también padecieron ataques de bandidos, ansiosos de bolsas de dinero ocultas entre la correspondencia.
Quizás aquí fue donde Saint-Ex comenzó a escuchar su voz interior y alucinó en medio de la noche sahariana con la figura de su hermano menor, muerto durante la infancia. Ese fue su único y verdadero amigo, solía confesar en privado.
Su avión de carreras era un Simoun, nombre con que también se invoca a uno de los más demoníacos aires del Sahara. Obsequio de una multimillonaria admiradora cuyo nombre aún desconocemos, con ese avión estuvo a punto de matarse en el desierto de Libia, participando en una carrera previa a la Segunda Guerra Mundial.
Consuelo Suncín, quien estuvo casada con el diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo y que afirmaba ser la auténtica rosa de El Principito, le provocó muchas incomodidades, ya que a su regreso a Francia y a la vida, Exupéry la encontró demasiada metida en su papel de viuda famosa, papel que ya había representado a la perfección con la muerte de su primer esposo.
Hasta hubo un malentendido con André Breton, de quien se dijo que Suncín fue su pareja ocasional. Vale comentar que Exupéry siempre quiso aclararlo, en el sentido de que no deseaba perder la amistad del padre del surrealismo, a pesar de los dimes y diretes que circulaba en Nueva York. Breton confesó que él no tenía ánimos de retomar esa relación, pero el poderoso argumento de Saint-Ex, propio de un hombre de acción, lo cimbró por completo: “He perdido más de diez amigos en esta guerra. Entiéndame: no puedo darme el lujo de perder uno más. Casi todos están muertos”.
¿Suicidarse o morir en la cima?
Hay quienes sostienen que Exupéry se suicidó en su último y fantasmal vuelo. El hecho de que su avión no revelase impactos de bala reforzó esa teoría. Aquellos que lo conocieron lo creen imposible porque tenía un compromiso demasiado alto con el deber. Para autoinmolarse, habría usado un cómodo revólver y no sacrificado un precioso avión que tanta falta hacía a su patria, sobre todo en la hora cumbre del conflicto.
Algo que marcó el ímpetu de lucha en Exupéry, antes de la guerra y su terrible accidente en el desierto de Libia, fue la desaparición de su gran amigo y compañero de alas, Guillaumet, en la cordillera de los Andes, experiencia retomada en sus libros.
Perdido en una zona demasiado lejana de la civilización, Guillaumet caminó cinco días entre la nieve con la sola intención de continuar, hasta desfallecer presa del cansancio y confiando en toparse con algún campesino. Los guardias chilenos habían declarado que difícilmente alguien sobreviviría una sola noche a ese invierno. Al momento que Guillaumet decidió rendirse a la ventisca, el piloto perdido descubrió que no podía derrumbarse entre la nieve, sino que debería ascender una colina para morir en la cima. Esto obedecía a un propósito práctico: si no se encontraba su cadáver en los próximos cuatro años, el seguro de vida tardaría ese tiempo en llegarle a su viuda e hijos.
De esa manera, Guillaumet ascendió con las últimas energías para que su cadáver fuese encontrado por sus compañeros pilotos al llegar el verano. Cayó en cuenta de que estaba emprendiendo algo que un animal no haría: luchar por el sitio en el cual morirse para legarle un bien a sus familiares. Al llegar a la cima descubrió con sorpresa que al otro lado del valle terminaban las montañas nevadas, augurándole una esperanza más, por lo que sacó fuerzas supremas para descender y seguir el camino. En efecto, logró salvar la vida y, al narrarle su odisea a Exupéry, éste la tuvo muy presente cuando en el desierto de Libia tuvo que realizar otra proeza similar. Caminar y caminar, sin esperanza y sin agua, pero con el propósito de al menos morir en el intento. Por supuesto, Saint- Exupéry fue rescatado en esa ocasión por un grupo de beduinos. Lo dieron por muerto durante varias semanas.
Creemos que alguien que haya pasado por esas experiencias extremas no se suicidaría en pleno cumplimiento de una misión. Guillaumet, al igual que Exupéry, murió en la línea del deber en la Segunda Guerra Mundial. Otro detalle: el campesino chileno que encontró a Guillaumet fue condecorado en su momento por el gobierno de Francia con la Legión de Honor. Desconocemos qué fue de los beduinos que salvaron a Saint-Ex en medio del Sahara.
La rosa y el volcán
Podría pensarse que un hombre tan curtido en experiencias sería una persona fría y llena de amarguras. Nada más contrario al espíritu de Saint-Ex, buen charlista que, cuando conversaba en un café con sus amigos, provocaba que la gente de las mesas vecinas guardara silencio: arrobada por su encanto. Dominaba varios trucos de prestidigitación y alguien que lo conoció de cerca decía que bien podría haberse ganado la vida con dicha habilidad.
Su matrimonio fue difícil. La volcánica Consuelo Suncín gustaba de usar el título de condesa, actitud que entristecía al legítimo aristócrata. A pesar de sus defectos humanos, es indiscutible su papel de musa de El Principito. Sus defensores argumentan que los abundantes volcanes del minúsculo asteroide son un guiño metafórico a El Salvador, país natal de su problemática amada. En cambio, los baobabs fueron conocidos por Exupéry en sus estancias africanas. El zorro del desierto original posee las exageradas orejas que el poético aviador le dibujó en su libro. Y las verdaderas rosas del desierto son en realidad unas rocas de silicato, apreciadas por los coleccionistas, cristalizadas en forma de pétalos.
Saint-Ex también tuvo suerte con los millonarios: en vida una mujer le obsequió un avión para una carrera y, después de muerto, otro millonario norteamericano gastó miles de dólares en rastrear con un submarino el área donde, presumiblemente, había caído en combate. El descubridor sería el buzo profesional Luc Vanrell, quien también está involucrado en la reciente aparición de su repentino y orgulloso victimario.
Saint-Ex hoy
La reciente declaración del ciudadano alemán Horst Rippert tiene las luces de un intento de apropiarse del aura del autor francés. Incluso el semanario de extrema derecha Minute, sostiene haber revisado los archivos alemanes detectando varias falsedades en la carrera de Horst Rippert, quien por cierto, acaba de desenmascararse como hermano secreto del cantante Ivan Rebroff, fallecido por estas fechas.
Los otros opositores a la credibilidad de Rippert son el antiguo piloto de caza Christian-Antoine Gavoille —ahijado de Antoine Saint-Exupéry—, el historiador Hervé Brun —ex responsable del servicio histórico del Ejército del Aire Francés—, el diario online Crítica y el ABC de Madrid.
Hervé Brun remata la postura de Rippert con un argumento: las patrullas alemanas en Provenza fueron registradas con meticulosidad y no hay ninguna acción anotada en ese día.
La teoría más lógica que flota sobre el avión de El Principito es la posibilidad de un desvanecimiento durante su vuelo final. Era un hombre de 44 años que había maltratado su osamenta con múltiples accidentes y el jornal de los pilotos incluía un ritmo extenuante. No veo nada denigrante en esa posibilidad que nos recuerda la humanidad de un personaje —vale decirlo— cargado de humanismo.
La vida y al muerte de Saint-Ex son un misterio. Lo único seguro en él era aquello que no quería ser. Nunca un burgués inmóvil o un intelectual criticando a Hitler y a De Gaulle desde la comodidad de Nueva York. Murió en la línea del deber, seguro de quien era y hacia donde iban su existencia y su literatura. Pocos artistas pueden conseguir ambas cosas. Vivir al mismo tono de sus creencias y al vuelo de su pluma como en una firme e incandescente obra maestra.
Rodríguez. Escritor y editor. Autor de Mi nombre es Casablanca (Mondadori) y La casa de las lobas (Plaza y Janés).
jueves, 27 de marzo de 2008
$1,500 por que te golpeen puffffff!!!!! mal, muy mal!!!
27-Marzo-2008
Dan primeras tarjetas contra violencia intrafamiliar
Notimex
(01:47 p.m.)
Triplicará el presupuesto de 6.7 mdp. Con la mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales
El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, entregó las primeras tarjetas del seguro contra la violencia familiar y anunció que triplicará el presupuesto de 6.7 millones de pesos asignados este año para el programa de Atención y Prevención en la materia. Durante la inauguración de la Unidad de Atención y Prevención de Violencia Familiar en la delegación Iztacalco, el mandatario local entregó de manera simbólica 25 tarjetas de un total de 500 que se otorgarán a mujeres que sufren de violencia familiar e intrafamiliar. Acompañado por el delegado en Iztacalco, Erasto Ensástiga Santiago, señaló que para este año se tiene programada una inversión de 30 millones de pesos para apoyar a mujeres que sufren de violencia familiar, y dialogará con los jefes delegacionales para ampliar los apoyos. El jefe de gobierno local resaltó que con esa mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales durante un año, tiempo que permitirá determinar su situación jurídica con su cónyuge y recibir capacitación para incluirla a la actividad laboral y puedan sostenerse. Ebrard Casaubon mencionó que las mujeres que sufren de violencia familiar, luego de una denuncia carecen de apoyo para su sustento y el de sus hijos, por lo que ahora cuentan con el respaldo del gobierno local. Destacó que aunque en 96 por ciento de las familias las mujeres son las que sufren de violencia familiar, este programa tambien beneficiará al hombre que padezca este problema. A su vez, el secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, Martí Batres Guadarrama, señaló que en una primera entrega este programa contempla cubrir a 500 mujeres, y con la ampliación del presupuesto para este año beneficiará a mil 500. En tanto, el delegado de Iztacalco resaltó la importancia de la equidad de género e incluirla en las políticas públicas. Por su parte la directora general de Igualdad y Diversidad Social, Patricia Patiño, señalo que en las 16 delegaciones políticas hay centros de atención y prevención de la violencia familiar y en la presente administración local se tiene como meta apoyar a 10 mil mujeres con un presupuesto de 180 millones de pesos. Comentó que la mujer que sufra violencia intrafamiliar debe acudir a estos centros para explicar su caso, mismo que será analizado y evaluado para determinar si se trata de un grado de violencia extrema para que pueda ser incluido en este programa. En el centro se cuenta con personal calificado para la atención y asesoría jurídica, psicológica e individual y grupal para adultos y niños. La ayuda se ofrece por un año y se apoya a la persona para que pueda independizarse.
fgc
Triplicará el presupuesto de 6.7 mdp. Con la mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales
El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, entregó las primeras tarjetas del seguro contra la violencia familiar y anunció que triplicará el presupuesto de 6.7 millones de pesos asignados este año para el programa de Atención y Prevención en la materia. Durante la inauguración de la Unidad de Atención y Prevención de Violencia Familiar en la delegación Iztacalco, el mandatario local entregó de manera simbólica 25 tarjetas de un total de 500 que se otorgarán a mujeres que sufren de violencia familiar e intrafamiliar. Acompañado por el delegado en Iztacalco, Erasto Ensástiga Santiago, señaló que para este año se tiene programada una inversión de 30 millones de pesos para apoyar a mujeres que sufren de violencia familiar, y dialogará con los jefes delegacionales para ampliar los apoyos. El jefe de gobierno local resaltó que con esa mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales durante un año, tiempo que permitirá determinar su situación jurídica con su cónyuge y recibir capacitación para incluirla a la actividad laboral y puedan sostenerse. Ebrard Casaubon mencionó que las mujeres que sufren de violencia familiar, luego de una denuncia carecen de apoyo para su sustento y el de sus hijos, por lo que ahora cuentan con el respaldo del gobierno local. Destacó que aunque en 96 por ciento de las familias las mujeres son las que sufren de violencia familiar, este programa tambien beneficiará al hombre que padezca este problema. A su vez, el secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, Martí Batres Guadarrama, señaló que en una primera entrega este programa contempla cubrir a 500 mujeres, y con la ampliación del presupuesto para este año beneficiará a mil 500. En tanto, el delegado de Iztacalco resaltó la importancia de la equidad de género e incluirla en las políticas públicas.
Dan primeras tarjetas contra violencia intrafamiliar
Notimex
(01:47 p.m.)
Triplicará el presupuesto de 6.7 mdp. Con la mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales
El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, entregó las primeras tarjetas del seguro contra la violencia familiar y anunció que triplicará el presupuesto de 6.7 millones de pesos asignados este año para el programa de Atención y Prevención en la materia. Durante la inauguración de la Unidad de Atención y Prevención de Violencia Familiar en la delegación Iztacalco, el mandatario local entregó de manera simbólica 25 tarjetas de un total de 500 que se otorgarán a mujeres que sufren de violencia familiar e intrafamiliar. Acompañado por el delegado en Iztacalco, Erasto Ensástiga Santiago, señaló que para este año se tiene programada una inversión de 30 millones de pesos para apoyar a mujeres que sufren de violencia familiar, y dialogará con los jefes delegacionales para ampliar los apoyos. El jefe de gobierno local resaltó que con esa mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales durante un año, tiempo que permitirá determinar su situación jurídica con su cónyuge y recibir capacitación para incluirla a la actividad laboral y puedan sostenerse. Ebrard Casaubon mencionó que las mujeres que sufren de violencia familiar, luego de una denuncia carecen de apoyo para su sustento y el de sus hijos, por lo que ahora cuentan con el respaldo del gobierno local. Destacó que aunque en 96 por ciento de las familias las mujeres son las que sufren de violencia familiar, este programa tambien beneficiará al hombre que padezca este problema. A su vez, el secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, Martí Batres Guadarrama, señaló que en una primera entrega este programa contempla cubrir a 500 mujeres, y con la ampliación del presupuesto para este año beneficiará a mil 500. En tanto, el delegado de Iztacalco resaltó la importancia de la equidad de género e incluirla en las políticas públicas. Por su parte la directora general de Igualdad y Diversidad Social, Patricia Patiño, señalo que en las 16 delegaciones políticas hay centros de atención y prevención de la violencia familiar y en la presente administración local se tiene como meta apoyar a 10 mil mujeres con un presupuesto de 180 millones de pesos. Comentó que la mujer que sufra violencia intrafamiliar debe acudir a estos centros para explicar su caso, mismo que será analizado y evaluado para determinar si se trata de un grado de violencia extrema para que pueda ser incluido en este programa. En el centro se cuenta con personal calificado para la atención y asesoría jurídica, psicológica e individual y grupal para adultos y niños. La ayuda se ofrece por un año y se apoya a la persona para que pueda independizarse.
fgc
Triplicará el presupuesto de 6.7 mdp. Con la mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales
El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, entregó las primeras tarjetas del seguro contra la violencia familiar y anunció que triplicará el presupuesto de 6.7 millones de pesos asignados este año para el programa de Atención y Prevención en la materia. Durante la inauguración de la Unidad de Atención y Prevención de Violencia Familiar en la delegación Iztacalco, el mandatario local entregó de manera simbólica 25 tarjetas de un total de 500 que se otorgarán a mujeres que sufren de violencia familiar e intrafamiliar. Acompañado por el delegado en Iztacalco, Erasto Ensástiga Santiago, señaló que para este año se tiene programada una inversión de 30 millones de pesos para apoyar a mujeres que sufren de violencia familiar, y dialogará con los jefes delegacionales para ampliar los apoyos. El jefe de gobierno local resaltó que con esa mica las mujeres que son golpeadas contarán con mil 500 pesos mensuales durante un año, tiempo que permitirá determinar su situación jurídica con su cónyuge y recibir capacitación para incluirla a la actividad laboral y puedan sostenerse. Ebrard Casaubon mencionó que las mujeres que sufren de violencia familiar, luego de una denuncia carecen de apoyo para su sustento y el de sus hijos, por lo que ahora cuentan con el respaldo del gobierno local. Destacó que aunque en 96 por ciento de las familias las mujeres son las que sufren de violencia familiar, este programa tambien beneficiará al hombre que padezca este problema. A su vez, el secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, Martí Batres Guadarrama, señaló que en una primera entrega este programa contempla cubrir a 500 mujeres, y con la ampliación del presupuesto para este año beneficiará a mil 500. En tanto, el delegado de Iztacalco resaltó la importancia de la equidad de género e incluirla en las políticas públicas.
miércoles, 26 de marzo de 2008
domingo, 23 de marzo de 2008
Gabriel Figueroa, cinefotógrafo


Oigan, mejor dicho lean, pero mejor vean en Bellas Artes una exposición interesantísima de Gabriel Figueroa, bien curada, multimedia, fragmentos de películas, diapositivas, carteles de pelis, fotos, stills, que abarcan desde los 40 hasta los 80, ahí puedes ver jovencísima a Julissa, a Leticia Perdigón, Sasha Montenegro, y claro, por supuesto, a la doña: María Felix, en el ya mítico close up a sus ojos, Columba Domínguez, el Indio Fernández, Pedro Armendariz, Cantinflas. Es realmente otro mundo este del cine y sus artistas, hay varias figuras que han perdido mucho el brillo y ahora sólo relumbran de vez en vez, como el caso de Julissa y Lety Perdigón, otras definitivamente ya no aparecen y otras más han ya muerto, no pocas, claro, pero observar de nuevo las películas de la Revolución, por ejemplo, midiendo los encuadres, los detalles de la escenografía, en fin con la minuciosidad del trabajo de cada quien en una producción cinematográfica es realmente optimista y satisfactorio. Además, recordar historias, literatura, como la de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, así como algunos programas de televisión de los 60 y 70, con sus minifaldas y modas a go-go. Tantas caras olvidadas recordé, cuantos actores pasaron ante mi luego de décadas de olvido, no se amigos, amigas, revaloré el trabajo de esta gente que se queda en la pantalla, retratada por artistas y dirigidas por genios (a veces, claro), qué bonito, qué lindo que haya gente con tanta pasión por hacer un buen trabajo, un trabajo bien hecho, pero, ya ven, todo pasa, es un pasado ya. La foto de la derecha es de la película La Perla, en que se muestran dos mujeres inmóviles frente al mar, observando el mar, que, hace referencia la exposición, el mar puede ser el cine, siempre en movimiento y los espectadores inmóviles, absortos, puede ser, claro, puede ser....la otra foto para los extranjeros explico que es María Felix, y ese close up es perfecto por la perfecta simetría de sus ojos y nariz, ayyyyyyyyyyyyyyyyyyy porqué no fuí favorecida por la madre naturaleza??????? jajajajaja besos a todos, vean cine, pierdan el tiempo en el cine, no se paren de la butaca, mueran en el cine!!!!!!
viernes, 21 de marzo de 2008
Viernes santo

Heme aquí en Starbucks en viernes santo, rodeada de turistas y de extraños en mi ciudad. La cotidianeidad indica empleados clasemedieros que pasan con prisa por su café, pero hoy el ambiente es distinto, se escucha la música de fondo, jazz con Paul Anka, lenguas extranjeras, gente tratando de comunicarse y de verse con gente muy lejana, para asegurarse de estar en algún sitio, de no irse del todo, hasta el clima parece distinto. Es apacible, invita a la calma, al relax, todo cambió este viernes santo, no me imagino las multitudes en Iztapalapa, las brusquedades de la playa ni los delirantes paseos, no me imagino en otro lado que aquí, escuchando ¡Fever! intenso, que le pone la nota apasionada a este ambiente. En fin, siempre nos quedará el cine!!! ahhh y una foto de mis hermanos de vida (dice Paco Burguete)
viernes, 14 de marzo de 2008
Viernes común
Hoy es viernes y fui al cine con mi hija Arantxa que está de vacaciones en DF ya que ella sigue viviendo en Tabasco hasta junio que terminará la secundaria. Es rico disfrutar la compañía de Arantxa, es tan alegre, tan ocurrente, tan divertida, siempre tiene preguntas, respuestas, motivos para reir, para recordarte que la vida es bella y que soy medio amarguetas jajajaja y aunque siempre le respondo: "Claro, como no trabajas, no tienes presiones, como no tienes que conseguir dinero, pagar deudas, etc, etc," se que mi hija tiene razón al reir sin razón y al no preocuparse por nada, total, no sabemos qué va a pasar al ratito. Así que un dìa màs de alegrìa, de fe, de buena compañía, de futuro y claro, de cine.
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